
Las dolencias cardiovasculares son la primera causa de mortalidad e invalidez en Europa, por lo que es lógico que médicos y pacientes se esfuercen en disminuir los factores de riesgo relacionados.
Tener el colesterol alto no ayuda a prevenir la enfermedad cardiovascular y por ello es mejor evitarlo.
Para aumentar el riesgo de padecer un accidente cardiovascular, la hipercolesterolemia debe de ir acompañada de otra circunstancia como lo son el sedentarismo, el sobrepeso u obesidad abdominal, hipertensión, una mala alimentación, padecer tabaquismo, tener diabetes o edad avanzada.
El colesterol que contribuye al riesgo es el denominado “colesterol malo” o LDL, ya que el “colesterol bueno” o HDL esta relacionado positivamente con la enfermedad cardiovascular.
Según una encuesta que ha realizado la OCU entre 2374 personas de 25 y 74 años, siendo la población española la muestra representativa , la hipercolesterolemia en España es menor que en Italia, Portugal o Bélgica. Según esta encuesta, la prevalencia de hipercolesterolemia en la población es del 27%, alcanzando el 32 % de la población entre 40 y 59 años, cifra que aumenta con la edad.
El 22% de los españoles se medican o se han medicado alguna vez con el fin de mejorar el colesterol sanguíneo. Sin embargo, hay suficiente evidencia científica que muestra que mejorar el peso, la alimentación o aumentar la actividad física, entre otros aspectos del estilo de vida, impactan positivamente sobre los niveles de colesterol.
Se ha medicalizado un problema que tiene soluciones más saludables. El 34 % de los que toman medicación, tan sólo padecen hipercolesterolemia ligera que podría mejorar con unestilo de vida saludable, sin necesidad de tomar pastillas.
Según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (2014), los medicamentos para disminuir el colesterol han aumentado sus ventas un 442 % en poco más de una década. Éstos tienen efectos secundarios nada despreciables como lo son los calambres musculares o un cansancio exacerbado, y en ocasiones reacciones severas.
No siempre medicarse es la mejor solución. Os animo a involucraros en un estilo de vida saludable, a que os forméis e informéis sobre la mejor alimentación y a que os mantengáis moderadamente activos a diario. No olvidéis que el médico tiene la última palabra.

