
Nunca habíamos tenido tantas herramientas para mejorar las decisiones que tomamos respecto a nuestra alimentación (información nutricional en etiquetado, noticias sobre estudios en relación con la nutrición en medios de comunicación, más alimentos producidos de forma respetuosa con el medio ambiente, mayor variedad de alimentos en general, entre otros).
Sin embargo los datos indican que nuestras decisiones alimentarias son cada vez menos saludables. Quizás el cansancio, la pereza o la falta de tiempo sean factores a tener en cuenta.
Dos encuestas realizadas en 2012 y 2013 a nivel nacional desvelan que nuestras elecciones dietéticas tienen un gran margen de mejora. La primera, realizada por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) señala, entre otras cuestiones, que no comemos suficientes frutas y hortalizas, mientras que sí consumimos una cantidad excesiva de productos con contenidos elevados de azúcares añadidos, grasas y sal. El otro documento, una evaluación realizada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA), apoya estos resultados.
Hoy quisiera insistir en los alimentos elaborados con harinas integrales. Entre los nutrientes que contienen estos alimentos se encuentran la vitamina E, el complejo vitamínico B y minerales como el selenio, el zinc, el cobre, el hierro, el magnesio y el fósforo. La carencia de estos nutrientes está vinculada a enfermedades como el cáncer o la patología cardiovascular. Además, los “integrales” aportan proteínas, hidratos de carbono complejos y sustancias protectoras como los lignanos.
Las harinas refinadas, pierden los nutrientes mencionados en el proceso de producción.
Recientes investigaciones epidemiológicas a gran escala demuestran que el consumo regular de cereales integrales puede reducir el riesgo de sufrir trastornos cardiacos
coronarios y algunos tipos de cáncer hasta en un 30%.
¡No olvidéis los integrales en vuestra cesta de al compra!
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