No estamos solos: trillones de microorganismos viven en nuestra microbiota

 

Microbiota
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El intestino y el cerebro están conectados

En el intestino no solo comienza la nutrición, sino que sucede mucho más. Es también un entorno dinámico en el que interactúan distintos sistemas y millones de microorganismos que pueden influir en nuestra salud. Entre ellos, la microbiota intestinal ocupa un lugar destacado.

El intestino y el cerebro están conectados y se comunican continuamente a través de diferentes vías. Una de las principales es el nervio vago, que transmite información en ambas direcciones. También intervienen señales hormonales, inmunitarias y metabólicas. La microbiota forma parte de esta comunicación y puede influir en algunas de estas señales, con posibles efectos sobre la funcionalidad intestinal y cerebral.

La microbiota intestinal: un ecosistema fascinante.

Trillones de microorganismos habitan en nuestro intestino y mantienen una relación estrecha con nosotros. Juntos forman una comunidad compleja y dinámica, única en cada persona, cuya composición está influida por numerosos factores entre ellos  la alimentación, el entorno y el estilo de vida.

La microbiota intestinal comienza a establecerse desde los primeros meses de vida. El tipo de parto, la lactancia materna o de fórmula y otros factores tempranos influyen en cómo se establece esta comunidad de microorganismos. Durante los primeros años experimenta grandes cambios y, alrededor de los tres años, adquiere una composición más madura, aunque seguirá evolucionando a lo largo de la vida.

En esta comunidad de microorganismos conviven bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que forman un ecosistema complejo y dinámico. Algunas bacterias, como determinadas especies de Bifidobacterium o Lactobacillus, entre otros, se asocian con funciones beneficiosas para nuestro organismo, mientras que otras pueden comportarse como oportunistas o potencialmente patógenas cuando se dan determinadas condiciones. Un ejemplo es Escherichia coli, una bacteria que forma parte habitualmente de la microbiota intestinal, aunque algunas de sus cepas pueden causar enfermedad.

Por eso, más que hablar de microorganismos “buenos” y “malos”, es importante entender el papel que desempeñan dentro del conjunto. Una microbiota diversa y funcional contribuye a mantener el equilibrio del ecosistema intestinal y a limitar el crecimiento excesivo de determinados microorganismos. Cuando este equilibrio se altera, pueden producirse cambios en la composición y el funcionamiento de la microbiota. Este  fenómeno suele describirse como disbiosis.

¿Que son los ácidos grasos de cadena corta?

Entre las funciones más interesantes de la microbiota se encuentra su capacidad para transformar componentes de los alimentos que nuestro organismo no puede digerir por si solo. Algunas bacterias fermentan la fibra  dietética y producen metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), entre los que se encuentran el acetato, el propionato y el butirato.

El butirato es especialmente relevante para la fisiología intestinal. Constituye una importante fuente de energía para los colonocitos y participa en el mantenimiento de la integridad de la barrera intestinal. Además, interviene en la regulación de determinadas respuestas inmunitarias y procesos inflamatorios. También se está investigando su posible papel en la comunicación entre el intestino y el cerebro.

La dieta mediterranea es clave.

Nuestra alimentación y nuestro estilo de vida pueden influir en la composición y en la actividad de la microbiota. De ahí la importancia de una alimentación rica en fibra , especialmente a través de una amplia variedad de vegetales. En este contexto, la dieta mediterránea, caracterizada por un elevado consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva, es de elección. Existe una posible asociación* entre este estilo alimentario, una mayor diversidad microbiana y su producción de metabolitos.

Por ejemplo, las manzanas y zanahorias contienen pectina; las alcachofas inulina; el brócoli y coles de Bruselas contienen diferentes tipos de fibras. Cada una puede favorecer a diferentes microorganismos de la microbiota intestinal. Por eso, cuanto más variación en la alimentacion vegetal, mejores oportunidades para la nutrición de este ecosistema intestinal.

Durante la fermentación de las fibras por las bacterias, se generan los citados metabolitos como el butirato que participan en al mantenimiento de la función de la barrera intestinal, entre otras funciones. Por eso, cuidar nuestra alimentación no significa únicamente nutrir nuestro organismo, también significa proporcionar sustrato a un ecosistema de microorganismo con el que mantenemos una relación estrecha y dinámica.

Te propongo un pequeño reto: durante una semana, anota en un diario los alimentos vegetales que consumes cada día. Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas aportan diferentes tipos de fibra que nuestra microbiota puede utilizar. Al final de la semana, observa la variedad: ¿cuántos alimentos vegetales diferentes han llegado a tu plato? Quizás descubras que cuidar de tu microbiota empieza por algo tan sencillo como ampliar la variedad de lo que comes.

 

*Kimble R, Gouinguenet P, Ashor A, et al. Effects of a Mediterranean diet on the gut microbiota and microbial metabolites: a systematic review of randomized controlled trials and observational studies. Critical Reviews in Food Science and Nutrition. 2023;63(27):8698–8719. doi:10.1080/10408398.2022.2057416. PubMed

Pequeños cambios, grandes resultados: cultura alimentaria y educación nutricional

Cultura alimentaria
Foto Nutricion-Online

Un fin de semana en Londres: cultura y alimentación

Tras un fin de semana en Londres con mi amiga inglesa de toda la vida, Sarah, vuelvo a recordar algo que veo en mi trabajo diario: la cultura alimentaria marca más de lo que pensamos.

Entre risas, conversaciones y cocina compartida, comprobé como los hábitos de cada país influyen directamente en lo que comemos…. y lo fácil o difícil que es cuidarnos.

Sarah preparó un menú con todo su cariño. Lo disfrute, por supuesto. Pero también vi algo muy habitual en el patrón anglosajón:  mantequilla, natas y otros ingredientes ricos en grasa saturada.  Aún así, también vi avances importantes: la presencia de más legumbres,  pescado y aceite de oliva virgen, reflejo de cambios positivos en su dieta.  Todo fruto de recomendaciones compartidas a lo largo del tiempo.

Lo que comemos también alimenta nuestra microbiota

No es solo una cuestión de gustos o cultura. También es biología.

Según la evidencia * España presenta mayor riqueza y diversidad de microbiota que el Reino Unido, principalmente por la mayor adherencia a la dieta mediterránea, rica en fibra y compuestos vegetales que favorecen bacterias beneficiosas.

En contraste, el patrón dietético más occidental del Reino Unido, con más ultraprocesados y menos fibra, se asocia a una microbiota menos diversa y menos favorable para la salud. No obstante, también se observan aspectos positivos, como el consumo habitual de frutos rojos y algunas frutas de hueso, especialmente en temporada, que aportan antioxidantes, vitaminas y compuestos bioactivos con efectos beneficiosos sobre la microbiota y la salud general.

No se trata de quitar grasa, sino de elegirla mejor

Como profesionales de la salud, el objetivo no es solo reducir grasas, sino mejorar su calidad.  En España partimos con ventaja: el uso habitual del aceite de oliva y el consumo de pescado graso aportan grasas saludables que, junto a frutas, verduras y legumbres, configuran un patrón de dieta protectora.

En primavera, además, los ácidos grasos omega 3 cobran especial relevancia para combatir el cansancio o la astenia estacional. Presentes en pescado azul, semillas (chía y lino), nueces y algas contribuyen a la salud cardiovascular (regulan triglicéridos, mejoran la inflamación…) y a la salud cerebral, ayudando a mejorar la energía y la concentración.

El papel del aceite de oliva

El aceite de oliva virgen extra es uno de los pilares de la alimentación mediterránea. Rico en ácido oleico (omega 9), se asocia a beneficios cardiovasculares y a una mejor función cerebral, consolidándose como una grasa de referencia en unpatrón dietético saludable.

Descubriendo nuevos alimentos; el ruibarbo

Cultura alimentaria y microbiota

En cada visita a casa de Sarah, también descubro alimentos nuevos. Esta vez fue el ruibarbo, una hortaliza que ella utilizó para preparar  “Rhubarb pudding”: un postre dulce,  elaborado con mantequilla, pero con el valor añadido de este ingrediente vegetal.

Una receta fácil para un día especial: hornear el ruibarbo picado con azúcar moreno hasta que esté tierno, cubierto con una masa sencilla (harina de avena, mantequilla, huevos y crema de leche) a 180ºC durante 55-60 minutos hasta que esté dorado. Estaba delicioso.

El ruibarbo es bajo en calorías y rico en fibra, aporta vitamina K, vitamina C y potasio, lo que le convierte en una opción interesante desde el punto de vista nutricional. Es típico en la primavera del Reino Unido.

Pequeños cambios, grandes avances

Me alegra ver como Sarah ha ido incorporando grasas más saludables, utilizando aceite de oliva y aumentando el consumo de legumbres y pescado.  Su objetivo es claro: mejorar la salud familiar a través de la alimentación.  Después de muchos años de amistad, resulta muy gratificante haber contribuido, aunque sea en parte,  a este cambio de hábitos.

Educación nutricional: la clave del cambio

Quiero recordar que a través de la educación nutricional –Como la que desarrollo en mi Programa Nutricion-Online-Salud– es posible acercar a más personas a hábitos saludables y a los beneficios de la dieta mediterránea, adaptándola a diferentes contextos y culturas.

Porque no se trata de cambiarlo todo, sino de mejorar lo que ya hacemos.

Paula Saiz de Bustamante

*Latorre-Pérez A. et al. (2021)
The Spanish gut microbiome reveals links between microorganisms and Mediterranean diet; Nature