
¿Como potenciar la ingesta de frutas y verduras y los buenos hábitos?



En ocasiones me pregunto si quiero llegar a una edad avanzada y me respondo que sí, siempre que me sienta bien. Sé que me gustaría comprobar como va avanzando el ser humano con el tiempo. Me asombran las personas centenarias con todas sus vivencias.
En general, todos queremos vivir suficientes años con salud y sobretodo en lo que concierne al cerebro.
El envejecimiento cerebral es un proceso natural, siendo un reto mantener esta función en estado óptimo.
Los estilos de vida más saludables pueden ralentizar el proceso de envejecimiento, al reducir por ejemplo el nivel de inflamación. No lo dudéis, el tipo de dieta, entre otros factores, es clave para avanzar con salud a lo largo de los años.
1º Tomemos suficiente cantidad de pescado graso tal como las sardinas, el atún, el salmón o la caballa, ademas de nueces, linaza y soja, éstos nos asegurarán la cantidad de omega 3 que puede preservar la salud cerebral.
Los alimentos ricos en los citados ácidos promueven un mejor flujo sanguíneo en el cerebro.
2ºIncluyamos en el menú diario frutos rojos en abundancia. Los antioxidantes como las antocianinas, ácido cafeíco, catequinas y quercetina presentes en las bayas como arándanos o frambuesas, nos ayudan a reducir la inflamación en el cerebro.
3º Tengamos en cuenta el chocolate negro (alto contenido en cacao) con sus flavonoides ya que ayudan a mejorar la circulación sanguínea cerebral.
4º Pongamos en el plato brócoli y verduras crucíferas, con suficiente frecuencia. Contienen isotiocianatos, fibra y nutrientes antioxidantes como la vitamina C y flavonoides, que pueden promover la salud cerebral y reducir el estrés oxidativo.
5º Preparemos huevos a diario mediante cocciones saludables (cocidos, plancha, revuelto, horno…). Estos alimentos son una fuente de vitaminas del grupo B, siendo éstas imprescindibles para el buen funcionamiento cerebral.
6º Llenemos el plato de color (tomates, espinacas, zanahorias…).
Por ejemplo el tomate por su contenido en carotenoides, se ha asociado a un menor deterioro cognitivo.
Cabe destacar que los alimentos ricos en carotenoides aumentan su valor antioxidante al ser cocinados, y más si se hace con aceite de oliva.
7º Sigamos en general la dieta mediterránea (DM) que además incluye buena cantidad de los alimentos mencionados.
Este estilo alimentario ha demostrado con suficiente evidencia científica reducir las enfermedades cardiovasculares y así el riesgo de demencias.
Hay evidencia* de que al aumentar la adherencia a la DM se puede reducir el riesgo de Alzheimer hasta un 11%.
8º Tomemos infusiones que nos ayuden.
Dentro de la fitoterapia destaca por su evidencia, la Salvia, el Romero y el Hisbiscus. Según algunos estudios, estas plantas podrían potenciar la memoria y la concentración.
Quedan a su vez demostrados con suficiente evidencia** los beneficios para el cerebro del té verde y negro, además del café.
El mejor consejo general es seguir una alimentación mediterránea en calidad y cantidad, procurar mantenerse activo día a día, aprender cosas nuevas y compartir el placer de una infusion o un zumo de tomate… en buena compañía. Por contra, es necesario esquivar el azúcar y el alcohol.
Referencias:
(*) García-Casares, N.; Gallego Fuentes, P.; Barbancho, M.Á.; López-Gigosos, R.; García-Rodríguez, A.; Gutiérrez-Bedmar, M. (2021). Alzheimer’s Disease, Mild Cognitive Impairment and Mediterranean Diet. A Systematic Review and Dose-Response Meta-Analysis. J. Clin. Med. 10, 4642.
(**) Moderate coffee or tea consumption decreased the risk of cognitive disorders (Nutrition Reviews 2023)

Quien no ha sentido alguna vez los efectos negativos del estrés crónico producido por las situaciones exigentes que desgastan a diario.
Los citados efectos negativos pueden ser en relación a la presión arterial, a su vez se puede debilitar el sistema inmunológico o producirse agotamiento mental y cansancio, entre otros aspectos. Conocer como podemos gestionar mejor el estrés nos ayudará a sentir mayor bienestar, a potenciar la capacidad de concentración o a reducir el cansancio y sentir paz mental.
Es prioritario poner la atención en la alimentación y que ésta sea densa en los nutrientes que nos ayudaran a sentir bienestar. Al recibir los alimentos adecuados en cantidad suficiente, obtendremos energía y los nutrientes necesarios para la salud de nuestros órganos, incluido el cerebro. Por el contrario si son insuficientes estaremos más débiles frente al estrés y el cansancio.
Por ejemplo, los alimentos ricos en vitaminas del grupo B tienen un impacto significativo en la función cerebral y pueden ayudar con el rendimiento diario. Algunas de las vitaminas B tienen propiedades nootrópicas, lo que significa que pueden mejorar funciones como la memoria, el enfoque y la concentración. Las tomamos en los alimentos integrales, las legumbres, las semillas, la carne de cerdo, los espárragos, los huevos, las almendras, el pollo, los pescados, el pavo… Al incluir estos alimentos en la dieta en cantidad suficiente, estaremos apoyando el buen funcionamiento del cerebro.
Otro nutriente interesante para el buen funcionamiento del sistema nervioso son los ácidos omega 3 presentes en el pescado, en las nueces y en las semillas, entre otras fuentes. Es recomendable que estos alimentos se incluyan en la dieta global en suficiente cantidad y frecuencia (un mínimo de 2 veces a la semana).
A su vez los alimentos integrales, las legumbres y las verduras de hoja verde, son fuente de magnesio, este mineral ayuda a mantener el cansancio a raya.
Por otra parte, es importante evitar los ultra-procesados ya que podrían provocar estrés en en el organismo. La evidencia* muestra como estos alimentos podrían generar una respuesta inflamatoria en el cuerpo, lo que a la vez se relaciona con el estrés y la ansiedad.
La actividad física es una gran herramienta para gestionar el estrés. Al realizarla sintetizamos endorfinas, las hormonas que favorecen un mejor estado de ánimo. Proporcionan calma.
Por ejemplo, correr o caminar a buen paso ayuda a mantener la mente clara, y el yoga nos proporcionará flexibilidad y relajación.
A la vez es muy beneficioso pasar tiempo en el exterior realizando actividad física o cualquier otra actividad que nos guste.
Aprender a respirar adecuadamente en momentos de estrés será de gran ayuda. Me gusta la respiración 4, 7, 8 para relajarnos. Inspirar en 4 segundos, retener la respiración en 7 segundos y exhalar durante 8 segundo.
Recomiendo mantener buenos horarios de sueño, crear un ritual antes de dormir y dejar las pantallas una hora antes de ir a la cama. Sin olvidar un tiempo diario de calidad para relacionarnos con otras personas.
El ser humano ha buscado herramientas contra el estrés crónico desde la antigüedad. Medicinas como la tradicional china o la Ayurveda han utilizado sustancias con efecto noótropico y adaptogeno para mejorar la función cerebral y la gestión del estrés, con muy buenos resultados y buen perfil de seguridad.
Por ejemplo, las vitaminas del grupo B tomadas en cantidades adecuadas tienen el citado efecto noótropico. Hay que tener en cuenta que durante los picos de estrés, el cerebro aumenta la demanda de vitaminas del grupo B. Por ello, además de tomarlas en la dieta podemos apoyarnos desde alguna fuente externa, para recibir su efecto positivo. Ademas hay sustancia naturales que pueden a ayudar también por su efecto nootropico, como por ejemplo la cafeína, ya que demuestra mejorar el estado de alerta y la concentración. A su vez la planta Alpina Galanga funciona sinérgicamente con la cafeína, potenciando sus efectos y dando un plus de energía.
Hay otras plantas con efecto adaptógeno como la rhodiola, la salvia y el hongo melena de león, entre otras, que nos ayudan a adaptarnos al estrés, promoviendo la síntesis de cortisol más equilibrada.

Nos gusta Juice Plus+ Luminate, un complemento alimenticio formulado con una mezcla de noótropicos y adaptógenos que proporciona un plus de energía en esos momentos más exigentes. Nos ayudará a sentir claridad mental, una mejor concentración y un estado de alerta suficiente.
Por Paula Sáiz de Bustamante
Bióloga-Farmacéutica especializada en Nutrición Aplicada
*Artículo de opinión patrocinado

En general nos encantan las frambuesas, los arándanos o las fresas, entre otros frutos rojos. Son alimentos que aportan numerosos beneficios. Destacan por su contenido en sustancias muy nutritivas como vitaminas y minerales y el alto contenido en fibra. Además presentan compuestos biológicamente activos como los flavonoides del tipo antocianinas, entre otros polifenoles.
Tomados en suficiente cantidad, aportan un efecto antioxidante y antiinflamatorio a la alimentación. Además y por su alto contenido en fibra, tienen efecto prebiótico (alimentan la microbiota) y mejoran los picos de la glucemia tras comer.
Hay evidencia suficiente de los beneficios de estos frutos en la salud. Por ejemplo, en el Estudio de Salud de Enfermeras* (NHS 2012), se mostró como aquellas mujeres que tomaron mayor cantidad de frutas rojas (sobre todo fresas y arándanos azules) tuvieron una pérdida de memoria más lenta. Un retraso de 2,5 años frente a quienes no los tomaban. En otros estudio se vio como los participantes que comieron media taza de arándanos diaria, durante 12 semanas, mejoraron el aprendizaje, la memoria y la función ejecutiva (Nutrients 2022) . Además estas frutas pueden favorecer la gestión de la glucosa (Nutrients 2021) y los niveles de colesterol.
Otros resultados del citado estudio de enfermeras muestran como las mujeres que tomaron mayor ingesta de alimentos ricos flavonoides, podrían haber mejorado la hipertensión (NHS). Esto se ha comprobado en otros estudios (Journal of Human Hypertension 2016)
Conviene recordar que los beneficios de los frutos rojos no dependen únicamente de su capacidad para actuar como antioxidantes directos en la sangre. Actualmente sabemos que muchos de sus polifenoles ejercen efectos biológicos más complejos, activando mecanismos celulares de protección. Entre ellos destaca la activación de NRF2, un factor de transcripción que estimula la producción de enzimas antioxidantes propias del organismo, como la superóxido dismutasa, la catalasa o la glutatión peroxidasa. Por ello, el efecto saludable de los arándanos no puede valorarse únicamente mediante la capacidad antioxidante medida en plasma tras una comida. Aunque algunos estudios han observado cambios en ciertos marcadores cuando los arándanos se consumen junto con lácteos, la evidencia actual no permite concluir que esta combinación elimine sus beneficios. En la práctica, tomar arándanos con yogur o kéfir sigue siendo una forma excelente de incorporarlos a la alimentación.
Existe la creencia de que mezclar frutos rojos, especialmente arándanos, con yogur o leche podría reducir en parte sus beneficios antioxidantes. Esta idea procede de algunos estudios , en ellos se observó una menor capacidad antioxidante en plasma tras la ingesta conjunta de ambos alimentos. Sin embargo, hoy sabemos que los efectos saludables de los polifenoles van mucho más allá de la actividad antioxidante que puede medirse en sangre tras una comida.
Los compuestos bioactivos presentes en los frutos rojos actúan también como señales celulares capaces de estimular los sistemas de defensa propios del organismo, por lo que una menor capacidad antioxidante plasmática no implica necesariamente una menor eficacia biológica.
En la práctica, no existe evidencia convincente de que consumir arándanos con yogur, kéfir u otros lácteos elimine sus beneficios para la salud. De hecho, esta combinación puede resultar especialmente interesante desde el punto de vista digestivo, ya que combina los compuestos bioactivos y la fibra de la fruta con los microorganismos beneficiosos presentes en los lácteos fermentados.
Nuestra recomendación es incluir frutos rojos en la alimentación diaria de la forma que más os guste y os resulte más fácil.
Tomarlos con yogur o kéfir constituye una excelente opción, ya que combina los compuestos bioactivos y la fibra de la fruta con los beneficios de los lácteos fermentados. Además, la fibra de los frutos rojos puede contribuir a una mejor respuesta glucémica de la comida.
Por otro lado, también pueden consumirse solos o acompañados de otros alimentos como frutos secos, crema de almendra, aguacate o incorporados a ensaladas. Estas combinaciones aportan variedad y permiten disfrutar de sus beneficios dentro de distintos contextos dietéticos.
Más allá de cómo se combinen, lo verdaderamente importante es la cantidad total consumida y la regularidad con la que se incluyen en la dieta. La mejor estrategia es alternar diferentes formas de consumo y encontrar aquellas que más os ayuden a mantener este hábito a largo plazo.
Podéis descubrir diferentes ideas para incorporarlos a diario en nuestra cuenta de Instagram.
*Estudio de Salud de Enfermeras (NHS): seguimiento de una población de enfermeras en USA desde 1976 para estudio prospectivo de la epidemiología de factores nutricionales y su impacto en diferentes problemas de salud
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